Friedrich Nietzsche
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| Lou Andreas-Salomé avec Paul Ree et Friedrich Nietzsche |
Del
amigo
Uno
siempre a mi alrededor es demasiado» - así piensa el eremita. «Siempre uno por
uno - ¡da a la larga dos!»
Yo y
mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no
hubiese un amigo?
Para
el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide
que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.
Ay,
existen demasiadas profundidades para todos los eremitas. Por ello desean
ardientemente un amigo y su altura. Nuestra fe en otros delata lo que nosotros
quisiéramos creer de nosotros mismos. Nuestro anhelo de un amigo es nuestro
delator.
Y a
menudo no se quiere, con el amor, más que saltar por encima de la envidia. Y a
menudo atacamos y nos creamos un enemigo para ocultar que somos vulnerables.
Si se
quiere tener un amigo hay que querer también hacer la guerra por él: y para
hacer la guerra hay que poder ser enemigo.
En el
propio amigo debemos honrar incluso al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu
amigo sin pasarte a su bando?
En
nuestro amigo debemos tener nuestro mejor enemigo. Con tu corazón debes estarle
máximamente cercano cuando le opones resistencia.
¿No
quieres llevar vestido alguno delante de tu amigo? ¿Debe ser un honor para tu
amigo el que te ofrezcas a él tal como eres? ¡Pero él te mandará al diablo por
esto!
El
que no se recata provoca indignación: ¡tanta razón tenéis para temer la
desnudez! ¡Sí, si fueseis dioses, entonces os sería lícito avergonzaros de
vuestros vestidos!90
Nunca
te adornarás bastante bien para tu amigo: pues debes ser para él una flecha y
un anhelo hacia el superhombre.
¿Has
visto ya dormir a tu amigo - para conocer cuál es su aspecto? ¿Pues qué es, por
lo demás, el rostro de tu amigo? Es tu propio rostro, en un espejo grosero e
imperfecto.
¿Has
visto ya dormir a tu amigo? ¿No te horrorizaste de que tu amigo tuviese tal
aspecto? Oh, amigo mío, el hombre es algo que tiene que ser superado.
Un el
adivinar y en el permanecer callado debe ser maestro el amigo: tú no tienes que
querer ver todo. Tu sueño debe descubrirte lo que tu amigo hace en la vigilia.
Un
adivinar sea tu compasión: para que sepas primero si tu amigo quiere compasión.
Tal vez él ame en ti los ojos firmes y la mirada de la eternidad.
Ocúltese
bajo una dura cáscara la compasión por el amigo, debes dejarte un diente en
ésta. Así tendrá la delicadeza y la dulzura que le corresponden.
¿Eres
tú aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo? Más de uno no puede
librarse a sí mismo de sus propias cadenas y es, sin embargo, un redentor para
el amigo.
¿Eres
un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Eres un tirano? Entonces no puedes
tener amigos92.
Durante
demasiado tiempo se ha ocultado en la mujer un esclavo y un tirano. Por ello la
mujer no es todavía capaz de amistad: sólo conoce el amor.
En el
amor de la mujer hay injusticia y ceguera frente a todo lo que ella no ama. Y
hasta en el amor sapiente de la mujer continúa habiendo agresión inesperada y
rayo y noche al lado de la luz.
La
mujer no es todavía capaz de amistad: gatas continúan siendo siempre las
mujeres, y pájaros. O, en el mejor de los casos, vacas.
La
mujer no es todavía capaz de amistad. Pero decidme, varones, ¿quién de vosotros
es capaz de amistad?
¡Cuánta
pobreza, varones, y cuánta avaricia hay en vuestra alma! Lo que vosotros dais
al amigo, eso quiero darlo yo hasta a mi enemigo, y no por eso me habré vuelto
más pobre.
Existe
la camaradería: ¡ojalá exista la amistad!
Así
habló Zaratustra.
Del
amor al prójimo
Vosotros
os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar
ese vuestro apretujaros. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro
mal amor a vosotros mismos.
Cuando
huis
hacia el prójimo huís de vosotros
mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo penetro vuestro
«desinterés».
El tú
es más antiguo que el yo; el tú ha sido santificado, pero el yo, todavía no:
por eso corre el hombre hacia el prójimo.
¿Os
aconsejo yo el amor al prójimo? ¡Prefiero aconsejaros la huida del prójimo y el
amor al lejano!100
Más
elevado que el amor al prójimo es el amor al lejano y al venidero; más elevado
que el amor a los hombres es el amor a las cosas y a los fantasmas.
Ese
fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más bello que tú; ¿por qué no
le das tu carne y tus huesos ? Pero tú tienes miedo y corres hacia tu prójimo.
No
conseguís soportaros a vosotros mismos y no os amáis bastante: por eso queréis seducir
al prójimo a que ame, y doraros a vosotros con su error.
Yo
quisiera que no soportaseis a ninguna clase de prójimo ni a sus vecinos; así
tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón
exuberante.
Invitáis
a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo
habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis
bien de vosotros.
No
miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo aquel
que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de
vosotros en sociedad, y, al mentiros a vosotros, mentís al vecino.
Así
habla el necio: «el trato con hombres estropea el carácter, especialmente si
no se tiene ninguno».
El
uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque quisiera
perderse. Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo que os trueca la soledad en
prisión.
Los
más lejanos101 son los que pagan vuestro amor al prójimo; y en
cuanto os juntáis cinco, siempre tiene que morir un sexto.
Yo no
amo tampoco vuestras fiestas102: demasiados comediantes he
encontrado siempre en ellas, y también los espectadores se comportaban a
menudo como comediantes.
Yo no
os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la
tierra y un presentimiento del superhombre.
Yo os
enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si
se quiere ser amado por corazones rebosantes.
Yo os
enseño el amigo en el que el mundo se encuentra ya acabado, como una copa del
bien, - el amigo creador, que siempre tiene un mundo acabado que regalar.
Y así
como el mundo se desplegó para él, así volverá a plegársele en anillos, como
el devenir del bien por el mal, como el devenir de las finalidades surgiendo
del azar.
El
futuro y lo lejano sean para ti la causa de tu hoy: en tu amigo debes amar al
superhombre como causa de ti.
Hermanos
míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano.
Así
habló Zaratustra.
90 Reminiscencia
de la frase de Séneca (carta 31): Deus nudus est (Dios está
desnudo).
92 Zaratustra
condensa en este párrafo la doctrina griega sobre la amistad expuesta por
Platón en La república (576 a)
y por Aristóteles en la Etica a Nicómaco (1161 a 30 - b 10).
100 Náchste,
Fernste. La circunstancia de que derNächste (el
prójimo) sea en alemán un superlativo (nahe, cerca: Nachbar, vecino;
Nächste, prójimo, o, si se quiere, el «más próximo de todos»)
permite a Nietzsche ampliar verbalmente la distancia entre los dos extremos y
decir: der Fernste (el más lejano de todos), en lugar de der Ferne (el
lejano), que sería, en castellano, lo contrario del prójimo (próximo). El «amor
al prójimo» es un precepto bíblico: Levítico, 19, 18; Evangelio de Mateo, 22, 39; Evangelio de Marcos, 12,
31: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.»
101 Véasela nota anterior.
102 Véase
Amós, 5, 21: «Yo, odio
y aborrezco vuestras fiestas» (palabras de Yahvé a los hebreos).

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